Una cruzada por la paz

CAR11. CARACAS (VENEZUELA), 21/02/2013.- La líder indígena guatemalteca Rigoberta Menchú, Premio Nobel de Paz de 1992, habla en el "Encuentro de sabias y sabios indígenas" hoy, jueves 21 de febrero de 2013, en un teatro de Caracas (Venezuela). Durante la inauguración del evento de dos días se oró por el mejoramiento de la salud del presidente venezolano, Hugo Chávez. EFE/David Fernández

Rigoberta Menchú, la líder indígena guatemalteca y Premio Nobel de la Paz (1992), visitará la ciudad de Guadalajara el próximo 30 de noviembre para ofrecer, junto al también activista social Eduardo Verástegui, una conferencia en torno a la equidad, la justicia y los derechos humanos en Latinoamérica.

El propósito de este encuentro es enfatizar la importancia de la otredad como rasgo definitorio de nuestro desenvolvimiento diario, un recordatorio de que son el respeto y la tolerancia las claves para el progreso, y no las armas ni la violencia.

Su presencia es parte de las actividades de la edición número 30 de la Feria Internacional del Libro. La mesa será moderada por Trino Padilla.

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Rigoberta Menchú Tum

Nació el 9 de enero de 1959 en Uspantán, Guatemala. La conciencia social la aprendió de sus padres, Juana Tum Kótoja y Vicente Menchú Pérez; ella partera, él campesino indígena activista. Ella, auxiliar en el ejercicio de traer a alguien a la vida, él, defensor de las tierras y los derechos de su pueblo.

Pese a desarrollar conductas justas con su entorno, ésta familia, como la de tantos otros indígenas, supo de discriminación, explotación, pobreza y violencia durante un periodo largo y gris en la historia de Guatemala. Los ecos de la tristeza permanecen aún en la tierra de Rigoberta, aquella de la que fue exiliada algunos años por ser un agente de paz y denuncia contra las atrocidades de las que eran víctimas.

Sin importar el hecho de que algunos miembros de su familia, incluida su madre, fueran secuestrados, torturados y asesinados por militares, o quizás por eso mismo, Rigoberta eligió el camino de la no violencia y levantó un estandarte blanco sobre el suelo que recogía la sangre de sus muertos.

Menchú orquestó distintas campañas pacifistas de denuncia desde joven. Sus primeras trincheras fueron el Comité de Unidad Campesina (CUC) y la Representación Unitaria de la Oposición Guatemalteca (RUOG). Al interior de éstas buscó la reivindicación de los pueblos indígenas y sus ocupantes, postura que le mereció una persecución política exhaustiva, debido a lo cual tuvo que refugiarse en México. Sin embargo, incluso a la distancia, Rigoberta no dejó de ser un agente activo de la causa, ni se cansó de enfatizarle al mundo los errores cometidos por el gobierno durante la Guerra Civil de su país, el cómo los intentos de reducir las posibilidades de rebelión se convirtieron una masacre, un acto de injusticia en el cual perecieron campesinos, sindicalistas, estudiantes, periodistas, intelectuales dedicados a difundir la realidad que los consumía, políticos y religiosos…

Durante su estancia en México trabajó al lado de la escritora Elizabeth Burgos en la elaboración de su biografía: Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia (1883).

Cinco años más tarde, con la protección del prestigio internacional que había alcanzado, regresó a Guatemala para continuar la denuncia de los delitos cometidos contra los indígenas. Su labor fue reconocida en 1992 con el Premio Nobel de la Paz, distinción que abrió otras puertas de diálogo a la guatemalteca.

También recibió el Premio Príncipe de Austrias de Cooperación Internacional en 1998.

En la evolución de su causa, durante 2007 Rigoberta decidió postularse para las elecciones presidenciales de su país, encabezaba a la coalición de partidos WINAQ y Encuentro por Guatemala. Las urnas no le favorecieron, pero el logro permitió que en 2011 fuera elegida nuevamente como candidata, ahora por el Frente Amplio de Guatemala.

En la actualidad, Rigoberta se encuentra en una nueva cruzada por la paz. Gracias a esto, visitará junto a Eduardo Verástegui la ciudad de Guadalajara, en un esfuerzo común por promover el respeto y la justicia en Latinoamérica.

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Eduardo Verástegui

Desde hace algunos años, el actor, productor y cantante Eduardo Verástegui decidió enfocar su profesión artística a la promoción de los valores humanos. En sus proyectos más recientes, la audiencia puede apreciar la nueva vocación de Verástegui, su esfuerzo por darle voz a las minorías y enfatizar con hechos su compromiso de comunión y ayuda hacia los demás.

Una prueba clara de ello es el filme Little Boy (2015), para cuya presentación viajó a nuestra ciudad el año pasado. La experiencia fue también una oportunidad de acercarse a los pacientes del Hospital Civil y los presos de los reclusorios Varonil y Femenil de Guadalajara, con quienes compartió su perspectiva de fortaleza y esperanza ante la vida.

Durante el pasado mes de octubre, Eduardo recibió en Utah un Doctorado Honoris Causa “en virtud de su esmerada labor en beneficio de la educación, su liderazgo en el servicio social, los valores y el desarrollo sustentable a favor de la humanidad”.

Entre sus proyectos futuros se encuentra la película El Sonido de la Libertad, donde abordará el tema de la explotación sexual infantil.

Generales:

Rigoberta Menchú y Eduardo Verástegui. Una cruzada por la paz.

Miércoles 30 de noviembre. 12:00 h. Teatro Diana. Boletos: $150.

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